jueves, 21 de mayo de 2009

¿Te cuento un secreto? Para matar la incentidumbre, cuando te veo conectado abro tu ventanita y me imagino que hablamos, que te importo y que vos también abrís mi ventana. Casi siempre decís las cosas que quiero escuchar, lindas, placenteras; me confesás que no podés contener más tus ganas de hablarme porque mi nick fuck forever te parece demasiado irresistible. Que estabas escuchando la canción, esa que te hace temblar, sonreír, llorar y estremecerte con los pensamientos prohibidos que sólo trae una de esas canciones. Que te dijeron que me vieron feliz con otra persona y que sos tan egoísta que no estás contento al menos que sea feliz estando a tu lado; que no podés tolerar verme escuchar Radiohead y que el ángel en tu hombro te pide que me hables sin ignorar lo mal que la paso sin vos. Que la poca distancia no te importa. Otras veces, cuando abrís mi ventana y leo tus letras me pongo triste. Me decís que no me hablabas porque no tenías ganas y ningún ángel te dio consejos, sino que un hombre verde y rojo te dijo al oído que las palabras ya no sirven. Te digo que es mentira y no me creés, decís que ninguna de las canciones deprimentes que escucho te hizo sentir responsable por el estado deplorable en el que me encuentro. En tus dichos no hay ni un mínimo rastro del conocimiento de que las personas como yo no vivimos sin amor, caminamos pero no vamos a ningún lado y vemos sin mirar. Me tratás con la indiferencia clara y necesaria para darme a entender que las cosas que fueron no van a volver a ser, y que no importa la música que escuche o lo mal que me muestre frente a tus amigos, nada te cambia. Gritás a la distancia que me olvide, pero sin embargo sigo abriendo tu ventana para ver sin mis ojos que hablamos porque cualquier palabra tuya es mejor que nada.

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